El voto electrónico: un peligro para la democracia
La democracia peligra detrás de la suposición generalizada de que el voto electrónico es un mecanismo superador del sistema tradicional de votación. Sin embargo, existe probada evidencia de que el voto electrónico pone en peligro la transparencia y constituye un riesgo cierto para el ejercicio pleno de nuestros derechos ciudadanos.

La democracia peligra detrás de la suposición generalizada de que los sistemas de votación electrónica son mecanismos efectivos que simplifican los sistemas de voto y escrutinio, reducen los costos y aceleran el tiempo de obtención de resultados. Frente a la caja de cartón y el papel doblado, las imponentes y visualmente atractivas computadoras se erigen como una evolución del sistema.
Estas ideas, sugeridas insistentemente por medios, políticos y think tanks, se sustentan en otra suposición que subyace: la de la tecnología como progreso, avance o superación de lo anterior. Aunque la sociedad vaya adoptando progresivamente la tecnología en todas las áreas, esto no significa que todo proceso tenga que ser digitalizado. Menos aún si existen dudas sobre la fiabilidad del nuevo sistema.
Olvidando que las computadoras no son elementos neutrales, sino procesadores de código pensado y escrito por seres humanos, los diputados argentinos se aprestan a tratar en el mayor sigilo cuatro proyectos para la adopción del voto electrónico. El debate público previo es vital para un sistema democrático en el cual el voto es el cimiento.
Existen demasiadas evidencias de que el voto electrónico pone en peligro la transparencia, inhabilita el control ciudadano sobre el acto de emisión del voto e imposibilita a quienes no cuentan con conocimientos informáticos controlar y auditar el proceso, aumentando de manera demostrada las posibilidades de fraude.
En un documental de 2007, la cadena HBO analizó estos puntos, así como elecciones —la de Bush en 2000— donde en el estado de Florida hubo aproximadamente 17.000 votos de más. Vale la pena verlo:
Antes de entrar en las razones, es necesario definir el concepto: “Un sistema informatizado para el acto de emitir y contar los votos en la mesa de votación, donde los ciudadanos entran en contacto directo con los dispositivos electrónicos.” (Busaniche–Heinz)
Desmaterialización del voto y “maleabilidad”
El objeto “voto” —su materialidad, el sobre, las firmas, la urna sellada— permite constatar la existencia de fraude ante la mínima sospecha. Cada elemento añade dificultades extra, auditables, a la sustitución de votos. Al hacerse electrónico, el voto pierde su esencia física para tornarse unos y ceros reinterpretados por una máquina. Una manipulación sería invisible y definitiva: al poder manipular el dato, se puede manipular también la trazabilidad del cambio.
Manipulación de los datos y vulnerabilidad del proceso
El voto electrónico es técnicamente manipulable en su emisión, envío, recepción y conteo. No existe empresa que pueda asegurar la seguridad de sus sistemas al 100% — lo prueban los hackeos al Pentágono, la CIA y la red de satélites de la NASA.
Un experimento de la Universidad de Santa Bárbara (2007) lo demostró: “Desarrollamos un software tipo virus que modifica el firmware de las máquinas electrónicas de voto. Este nuevo software puede robar votos […] descubrimos una serie de vulnerabilidades graves que comprometerían la confidencialidad e integridad del proceso.”
Otro estudio, en Holanda, determinó que con urnas electrónicas es posible —desde unos 25 metros— identificar por quién votó una persona decodificando las emisiones radioeléctricas de la urna. En 2008 el gobierno holandés resolvió que las elecciones se realizarían solo con boletas de papel y lápices rojos.
Tercerizar el conteo, o poner la democracia en manos de otros
Uno de los argumentos más fuertes: quien programa el software que registra y cuenta los votos es una empresa… privada. En el caso argentino, Indra, cuyo software ya se utilizó en elecciones como la de Marcos Juárez, en Córdoba — no exenta de problemas:
¿Cómo asegurar que ese software, pese a mostrar seleccionado al candidato “A”, no transmita que el elegido es el “B”? Además, el software está patentado por estas empresas: auditarlo infringe las leyes de propiedad intelectual. Las leyes son, entonces, un impedimento para el control.
El uso de software libre, como en Brasil, no resuelve estos problemas: la transmisión de datos sigue siendo vulnerable y la autoridad electoral podría adulterar los resultados.
Una posible solución: votar mediante formularios que contengan a todos los partidos, marcar la elección con tinta, y usar un escáner óptico para el escrutinio automático — verificable mediante un simple recuento manual.
Aunque llena de detalles técnicos que impiden a los ciudadanos analizar sus implicancias, la digitalización del voto constituye —por ignorancia o connivencia de los actores que la fomentan— una amenaza seria al sistema electoral. Es necesario pedir un debate abierto y público previo a su tratamiento, y como ciudadanos, ser partícipes de esta discusión esencial para el futuro de la democracia y de nuestro país.
Fuentes
— Voto electrónico, los riesgos de una ilusión — B. Busaniche, F. Heinz et al. (2008)
— Voto electrónico, riesgos de una ilusión — B. Busaniche, La Nación (2009)
— Auditoría, secreto y desmaterialización del voto — A. Dourado de Rezende (2008)
— Evaluating the Security of Electronic Voting Systems — UC Santa Barbara (2007)
— Researchers: Florida Vote Fishy — Wired (2004)
Co-construido sobre el libro “Voto electrónico, los riesgos de una ilusión” (Busaniche–Heinz, Fundación Vía Libre). Publicado bajo licencia Creative Commons BY-SA 2.5 AR.